Agente de voz
Atiende el teléfono 24/7 en recepción y en la línea de soporte. Agenda citas, responde preguntas repetitivas y pasa la llamada a una persona cuando hace falta.
Implementación de IA
No vendemos chatbots ni licencias. Mapeamos los procesos que más tiempo te cuestan y los sustituimos por un sistema que funciona sin ti.
En la mayoría de las empresas la IA acaba con alguien comprando licencias de ChatGPT y sin que nada cambie un mes después. Implementar es otra cosa. Tomamos un proceso concreto: atención de consultas, reservas, cualificación de leads, informes. Construimos un sistema a su alrededor y lo conectamos con las herramientas que ya usáis. El resultado no es una herramienta para probar, es un proceso que deja de necesitar a una persona.
65 minutos sobre cómo fluye el trabajo hoy. Sales con un mapa de dónde la IA ahorra tiempo de verdad y una lista de dónde no compensa. Esa segunda lista también te la damos.
Recibes un documento: qué construimos, en qué orden, qué queda de tu lado y cuánto cuesta. Por escrito, para que puedas compararlo con otra oferta.
Trabajamos con tus datos y tus integraciones. Antes de que un cliente vea nada, el sistema se prueba con casos reales de tu empresa.
Desplegamos, formamos al equipo y nos quedamos en mantenimiento. Un sistema que nadie sabe manejar es un coste, no una inversión.
Atiende el teléfono 24/7 en recepción y en la línea de soporte. Agenda citas, responde preguntas repetitivas y pasa la llamada a una persona cuando hace falta.
Web, WhatsApp, Instagram. Asesora, cualifica a quien pregunta y entrega el contacto listo a ventas en lugar de dejarlo en un buzón.
Las consultas de formularios y correo llegan al CRM descritas, puntuadas y asignadas a la persona correcta. Sin copiar a mano entre sistemas.
Cuando lo estándar no encaja con vuestra forma de trabajar, construimos una herramienta interna sobre vuestro proceso real.
El proceso no es igual en una clínica, un hotel o una tienda. Esto es lo que implantamos con más frecuencia y qué cambia de verdad en cada caso.
Recepción coge el teléfono en mitad de una visita, o no lo coge, y el paciente llama a la competencia. Un agente de voz atiende las llamadas fuera de horario y en hora punta: agenda, cambia y cancela citas en vuestro sistema, confirma por SMS y reduce las ausencias. Nos integramos con el software de gestión que ya usáis.
Las consultas de disponibilidad y precio llegan a todas horas, en varios idiomas y por cuatro canales a la vez. El asistente responde al momento, comprueba disponibilidad, toma la reserva y solo escala los casos atípicos. Menos noches vacías por un correo sin responder.
La mayoría de las preguntas previas a la compra son variantes de las mismas diez o doce. Un asistente en la web, WhatsApp e Instagram recomienda producto, consulta el estado del pedido y gestiona devoluciones; a una persona solo llega lo que exige decisión.
Los leads del formulario esperan en el buzón a que alguien tenga tiempo. La automatización responde en minutos, pregunta por presupuesto y alcance, puntúa la consulta y crea en el CRM una ficha con el contexto que necesita el comercial.
Las etapas describen lo que hacemos. Esto describe lo que queda en vuestro disco, incluso si la colaboración termina.
Un mapa del proceso tal como funciona de verdad, con los puntos donde perdéis tiempo señalados, y una lista de lo que no merece automatizarse, con el motivo. Ese documento vale trabajemos juntos o no, y no es cortesía: describe vuestro proceso, no nuestra solución.
Alcance por escrito: qué se construye, en qué orden, qué queda de vuestro lado, qué accesos hacen falta y cuándo. Con precio y calendario. Debe ser lo bastante concreto para compararlo con la propuesta de otra empresa, no solo con su cifra.
Un sistema funcionando, una guía breve para el equipo en un formato que alguien vaya a usar de verdad, y acceso a un panel donde se ve qué ha hecho el sistema. Sin esto último la automatización es una caja negra en la que nadie confía.
Un resumen de cuántos casos resolvió el sistema solo, cuántos pasó a una persona y dónde dudó. Esa es la medida real de si la inversión trabaja, no si la tecnología impresionó en una demo.
El motivo más común de que un proyecto se atasque no es técnico: falta una de estas tres personas. Conviene fijarlo antes de empezar, no a mitad.
No quien escribió el procedimiento, sino quien lo ejecuta a diario y sabe dónde se hacen las excepciones. Sin esa persona construimos algo que encaja con la documentación y no con la realidad. La necesitamos en dos a cuatro reuniones.
Una implantación genera preguntas que hay que zanjar: en este caso, ¿el sistema actúa o pregunta? Si cada decisión espera una semana a dirección, el proyecto se alarga el doble. Basta una persona con mandato.
Informática interna o la empresa que lleva vuestros sistemas. Suele ser lo más largo del calendario, porque el acceso al software sectorial a menudo depende de un proveedor externo con sus propios plazos. Por eso lo preguntamos en la auditoría y no después de firmar.
No publicamos horquillas desligadas del proceso porque no aportarían información. La misma función en una empresa de cinco y de doscientas personas son dos proyectos distintos. El coste depende sobre todo del número de integraciones con vuestros sistemas, de si hace falta procesar imagen o documentos (normalmente de dos a tres veces más caro), del número de idiomas y de si el sistema solo responde o además actúa en vuestro nombre. El presupuesto llega por escrito tras la auditoría, con alcance y calendario.
Una primera implantación operativa suele llevar de tres a seis semanas desde la firma. Las automatizaciones más simples pueden estar en dos. Los proyectos que integran con sistemas sectoriales tardan más, porque el ritmo lo marca el acceso a la API del proveedor y no nuestro trabajo.
Si un proceso no está documentado y cada vez se hace distinto, la IA consolidará el desorden en lugar de arreglarlo. Primero orden, después automatización. También lo desaconsejamos si buscas un desarrollo puntual sin soporte: los sistemas basados en modelos necesitan correcciones tras el arranque, y preferimos responder por el resultado antes que entregar un archivo y desaparecer.
Una implantación no termina el día del arranque, y no es una frase de cortesía. Las dos primeras semanas sacan casos que las pruebas no tenían, porque la realidad siempre tiene más variantes que un mapa de procesos. Corregimos el comportamiento según aparecen. Después, el soporte son tres cosas: reaccionar cuando un proveedor cambia su API o cambia vuestra oferta, revisar los casos en los que el sistema dudó, y añadir escenarios que al arrancar quedaban fuera de alcance. Las empresas que renuncian al soporte suelen volver a los seis meses con el mismo sistema, que dejó de encajar con cómo trabajan ahora.
Vuestro, en lo que hemos construido para vosotros, y queda en el contrato. Recibís acceso a la solución y documentación suficiente para entregarla a otra persona. No construimos dependencia sobre que nadie más entienda cómo funciona. Las suscripciones a herramientas de terceros van por vuestra cuenta y se quedan con vosotros igual.
Normalmente en tramos ligados a etapas y no al calendario: una parte al inicio y el resto al aceptar la implantación funcionando. La auditoría se paga y se factura aparte, porque termina en un documento que vale aunque no sigamos. El soporte es mensual y se puede cancelar.
El alcance y los criterios de aceptación están por escrito antes de empezar precisamente para que no sea cuestión de impresiones. Si el sistema no hace lo acordado, lo corregimos dentro del proyecto. Lo que no prometemos es un resultado de negocio fuera de nuestro control: respondemos de que el agente agende bien, no de cuántos pacientes llamen.
Sí, y más a menudo de lo que parece. A veces la conclusión es que basta con ordenar el proceso o con una herramienta estándar de unos cientos al mes. Preferimos decirlo antes que vender un proyecto sin sentido: lo primero nos cuesta un proyecto, lo segundo la reputación.
La conversación son 65 minutos. El documento suele llegar en unos días laborables y, con alcance mayor, necesitamos una reunión más con quien lleva el proceso. No lo alargamos, porque una auditoría sin decisión caduca rápido.
La mayoría de proyectos son en remoto y funciona, porque el trabajo son conversaciones y accesos, no presencia. Si hay que ver el proceso en persona, en una nave o en recepción, vamos. Normalmente una vez, en la fase de auditoría.
65 minutos, sin presentación comercial. Sales con un mapa de procesos y sabiendo qué tiene sentido y qué no, trabajemos juntos o no.
Reservar consulta